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Información sobre Eibar provincia de Guipúzcoa:

Éibar (en euskera y oficialmente, Eibar) es un municipio de Guipúzcoa, perteneciente a la comarca del Bajo Deva en el País Vasco, España. Tiene una extensión de 24,78 km² y 27.378 habitantes (INE) (población a 1 de enero de 2010), con una densidad poblacional de 1.110 hab./km². Ostenta el título de «Muy Ejemplar Ciudad».

Éibar es una ciudad guipuzcoana situada en la cuenca del río Deva, colindante con la provincia de Vizcaya. Fue fundada con el nombre de Villanueva de San Andrés, pero siempre ha sido conocida con el nombre actual de Éibar.[1] El fuero de constitución de la villa se otorgó en el año 1346 pero el asentamiento era anterior. Éibar siempre ha sido una ciudad destacada en la historia, en la economía y en la cultura, en particular por su actividad industrial desarrollada sobre la manufactura del hierro y la fabricación de armas que se diversificó a mediados del siglo XX dando lugar a multitud de productos.

Su escudo de armas es una cruz de San Andrés en gules sobre un campo de oro. En la bordura la leyenda «Eibar-ko hiri guztiz eredugarria» («La muy ejemplar ciudad de Éibar»), rodeada de una rama de roble y otra de laurel.

La bandera es el escudo sobre blanco.

Se sitúa en el borde este de la provincia de Guipúzcoa, en el valle del río Ego, dentro de cuenca del río Deva, colindante con la provincia de Vizcaya. Está rodeada por los montes Arrate, Akondia y Urko al norte, y Galdaramiño e Illordo al sur.

Éibar limita al norte con Marquina (Vizcaya), al sur con Elgueta y Vergara, al este con Elgóibar y Placencia de las Armas, y al oeste con Mallavia, Ermua y Zaldívar, que pertenecen a Vizcaya.

Éibar tiene, además del núcleo urbano, cinco barrios rurales: Otaola, Aginaga, Arrate, Mandiola y Gorosta.

Como toda la comarca del Bajo Deva, Éibar está excelentemente comunicada. La carretera nacional N-634 atraviesa la ciudad uniéndola con San Sebastián y Bilbao. En paralelo a la nacional está la autopista AP-8[2] con dos salidas en sendos extremos del núcleo urbano (una de ellas ya en Vizcaya), y en el barrio de Málzaga la AP-8 se une con la AP-1 que enlaza con Vitoria. Una red de carreteras provinciales y locales enlazan Éibar con los diferentes pueblos y comarcas que la rodean.

La línea de ferrocarril de vía estrecha perteneciente a la red de Euskotren une la comarca con las capitales provinciales (en el tramo urbano Ermua-Éibar hace las veces de ferrocarril metropolitano), y de allí se puede enlazar mediante Renfe con el resto de España y Europa. Las empresas de autobuses que operan prestando servicios comarcales, intercomarcales y de larga distancia en la zona son PESA y Euskotren (afiliadas a Lurraldebus), Bizkaibus y ALSA. El servicio urbano de autobuses Udalbus, que conecta los distintos barrios de Éibar, está gestionado por Euskotren.[3]

Éibar carece de aeropuertos, pero los aeropuertos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria se hallan a menos de una hora por carretera. Tampoco tiene puerto, pero el cercano puerto de Bilbao tiene conexiones con Portsmouth en Inglaterra.

La industria y el trabajo siempre han sido conceptos que han enorgullecido a los habitantes de Éibar, y esa industria ha sido, históricamente, la de la fabricación de armas. Es por ello por lo que se la conoce como la «Ciudad armera». En la última parte del siglo XX la industria eibarresa diversificó su producción desarrollando una extensa gama de productos diferentes. La actividad productiva se intensificó a comienzos de siglo XXI con la incorporación de las «nuevas» tecnologías (informática, telecomunicaciones...). El 20 de diciembre de 2010 es declarada por el Gobierno de España como «Ciudad de la Ciencia y la Innovación».[4]

El primer documento escrito que hace referencia a la industria armera eibarresa es una petición de dos lombardas fechada en 1481. Ya antes el trabajo del hierro en las ferrerías era una de las actividades importantes en su economía. En el Museo de la Industria Armera de Éibar se muestra la historia industrial de Éibar y de su comarca. Desde la producción gremial a las instalaciones de las Reales Fábricas de Armas en la vecina localidad de Placencia de las Armas hasta la revolución industrial de principios del siglo XX, con su auge y declive, conformaron el sentir y la idiosincrasia de las gentes de la hoy ciudad.

El trabajo industrial, primero en la ferrerías y posteriormente en los talleres gremiales, ha sido, desde siempre, la base económica de Éibar. El trabajo, con su componente social, conformó un carácter singular en sus habitantes. Una copla canta:

La convivencia de los talleres con las viviendas, incluso instalados en ellas, permitió la socialización de las diferentes tareas que componían un producto y la relación igualitaria entre quienes las realizaban. Esta forma de ver el trabajo, ligada a la artesanía y por lo tanto al cuidado puesto en la fabricación realizada, fue la que determinó, ya antes del surgimiento de los movimientos obreros y el pensamiento marxista, un espíritu liberal, libertario, que quedó patente en las Guerras carlistas, en las que Éibar siempre estuvo en el bando liberal. Ya en 1756, fecha anterior a la implantación del liberalismo, se puede constatar el comienzo de la gestación de ese tipo de ideas. En Éibar, durante el siglo XIX, en las elecciones siempre salía el candidato liberal, mientras que en los pueblos vecinos eran los candidatos tradionalistas los vencedores. Durante la ocupación francesa se formó, liderada por Gaspar Jáuregui, una organización ilegal que mantenía una estructura política paralela a la oficial. También la influencia del liberalismo económico, que se plasmó en el establecimiento de las aduanas en los Pirineos en vez de en el Ebro, posibilitó una apertura de mercados a los productos eibarreses (principalmente armas) en el resto de España. El impulso de la familia Ibaizabal, que poseía un taller de armas blancas y comercializaba armas de fuego, fue importante en esta cuestión.[5] Más tarde, el arraigo de las ideas socialistas llegaron a tal extremo que permitieron, después de una dura huelga, la creación de la primera cooperativa industrial del país, la cooperativa Alfa.

La industria armera, desde las lombardas fabricadas en las ferrerías, pasando por las armas de avancarga y llave de chispa, hasta las que utilizan la cartuchería de retrocarga, pasaron por épocas de esplendor y de declive. Armeros eibarreses fueron trasladados a las fábricas de armas de Oviedo y Trubia, llevando allí el hacer eibarrés, cuando quedaron patentes los aspectos negativos de mantener la producción armera cerca de las fronteras, a la vez que se lanzaron, con los escasos recursos de que disponían, a la producción de las últimas tecnologías extranjeras mediante el método de copia y mejora, que lograron servir de base para una producción moderna y competitiva. Las crisis del sector armero sirvieron para impulsar las aventuras en otros ramos de la industria; de ellas, y del espíritu emprendedor, nació la diversificación industrial que logró que de los talleres eibarreses salieran desde un sacacorchos hasta un subfusil, o desde una máquina de coser a una motocicleta.

Es muy famosa porque tuvo la fábrica de motos Lambretta y las de bicicletas Abelux, Orbea, BH y G.A.C.. También fue importante la fabricación de máquinas de coser (Alfa, empresa pionera en el movimiento cooperativista). Aunque ya han cerrado las fábricas de armas cortas (no olvidemos la STAR, Bonifacio Echeverría S.A., donde se fabricaban armas que se exportaban a todo el mundo), que es lo que le da su apodo, se mantienen numerosos pequeños talleres de escopetas. Existe un Probadero de armas, único en España y uno de los tres que existen en Europa.

Destaca por sus producciones de máquina-herramienta, efecto de la revolución industrial de los siglos XIX y XX, sobre todo a partir de la Guerra Civil española (1936–1939). Fue pionera en el País Vasco en la instalación de escaleras mecánicas a la intemperie, en la calle, para facilitar los accesos a los barrios altos.

La infraestructura educativa, amplia a todos los niveles, destaca por la Escuela universitaria de ingeniería técnica industrial, con origen en la antigua Universidad Laboral, perteneciente a la Universidad del País Vasco, y la escuela de formación profesional, pionera en España, conocida como «Escuela de Armería».

El urbanismo eibarrés, muy atípico, donde se mezclaban las industrias y las viviendas, por lo que se decía Éibar es un taller, está dando paso a un cambio arquitectónico en los últimos años: pasando de un centro urbano repleto de pequeños «talleres» (empresas) en los soportales, a un nuevo Éibar con un centro abierto a todas las esquinas del pueblo. Accesible con la vista y con un corto paseo. La ciudad se humaniza y pone en su centro al eibarrés: para disfrute de su centro urbano, que se convierte en peatonal los fines de semana. La ciudad se ha embellecido con una colección de estatuas conmemorativas de actividades y costumbres típicas, a saber: la recepción de los dulzaineros en la estación del tren, unos niños yendo a bendecir las tortas de San Blas frente a la iglesia parroquial de San Andrés y un trabajador recogiendo agua en la clásica fuente de Urquizu.

Socialmente Éibar siempre ha sido un pueblo progresista. Ya en la primera Guerra Carlista muy pocos vecinos de Éibar se sumaron al bando carlista, participando la inmensa mayoría de parte liberal. Tanto es así que en 1834 se constituyó, con permiso especial del general Espartero, un batallón de combate integrado por mujeres, que ya habían demostrado su eficacia en la lucha en la defensa de la villa el 26 de julio de 1834, como el mismo Espartero dice en su misiva que remite al Ayuntamiento de Éibar:

Así lo recoge textualmente el libro de la Monografía histórica de Éibar escrita por Gregorio Mújica a principios del siglo XX. El sentir progresista de los eibarreses propició que las ideas socialistas arraigaran en sus gentes. Ya desde principios del siglo XX la presencia del PSOE fue muy importante, por lo que se puede considerar a Éibar como la capital histórica del socialismo vasco.

En Éibar junto al castellano se habla el euskera en la variedad dialectal vizcaína con ciertas particularidades. A este euskera se le denomina euskera eibarrés. La variedad eibarresa del vasco ha sido motivo de varios estudios que han cuajado en la publicación de bastante literatura. Desde Toribio Echeverría con sus obras Flexiones verbales de Éibar y Lexicón del euskera dialectal de Éibar hasta Juan San Martín son muchos los estudiosos que han venido profundizando en esta variedad eúscara.

En 1936 el 100% de la población era euskaldun (que conoce el vasco), pero la represión marcada por la dictadura de Francisco Franco en cuanto a la utilización de las lenguas, así como la masiva llegada de trabajadores que desconocían la misma, contribuyeron a una pérdida significativa del conocimiento y uso del vascuence. A finales de la década de 1960 se inicia un fortalecimiento de la presencia y utilización del vasco. Tras una política de recuperación, basada en campañas de alfabetización y euskaldunización, se consiguió que la lengua vasca mejorara obstensiblemente su presencia entre los eibarreses. En 1996 el 49,5% de la ciudadanía era vascohablante (conociendo y usando además el español), el 16,8% lo entendía mientras que el 33,7% no se consideraba vascohablante. En el curso 1998–1999, el alumnado de primaria y secundaria, franja de edad que comprende desde los 2 a los 16 años, se ditribuía de la siguiente manera según las diferentes lenguas en las que estaba matriculado: sólo euskera el 51,4%, bilingüe el 47,1% y sólo castellano el 1,5%.[6] En el año 2009, de los 27.600 habitantes de la ciudad, un 52,6% eran euskaldunes (hablantes en vasco).

Desde los mismos orígenes de la población se establece la industria como uno de los pilares de la economía eibarresa. La elaboración del hierro y textil, común a otras poblaciones de la provincia, viene de antiguo. Ya en 1500 Esteban Garibay hacía elogios a los tejidos realizados en Éibar.[7]

Las ferrerías pronto dieron paso a la fabricación de armas de todo tipo. La zona comprendida por Placencia de las Armas, Éibar, Elgóibar y Ermua se denominó zona armera con Placencia como centro gracias a la Real Fábrica de Armas ubicada en esa villa que centralizaba el comercio de todas las armas de la comarca.

El primer documento escrito que relaciona a Éibar con la producción armera data de 1482 y es el encargo de lombardas por el duque de Medina Sidonia. En 1538 se recibe el encargo de fabricar 15.000 arcabuces señalando la importancia que ya entonces tenía Éibar en la producción de armas. En 1735 la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas establece una tutela sobre la producción armera. La organización de la producción venía realizándose de forma gremial agrupándose en cuatro gremios principales, que eran cajeros, cañonistas, llaveros y aparejeros. La Compañía controlaba la producción fijando precios y salarios.[6] La Real Compañía Guipuzcoana fue sustituida por la Compañía de Filipinas.

En 1865 desaparece la organización gremial y se adopta una de corte capitalista que es acompañada con la revolución industrial y los nuevos medios tecnológicos que esta trae. Estos avances no solo tienen presencia en los medios de producción, sino también en el producto. Desaparece la llave que se sustituye por el pistón y se desarrolla la pólvora sin humo que facilita sistemas automáticos o semiautomáticos. Aparecen las armas de repetición y los revólveres.

Pronto comienzan a crearse talleres propiedad de empresarios. Surgen en Éibar, entre otras, las firmas Anitua y Charola, Orbea Hermanos, Larrañaga, Garate y Anitua... y en Placencia nace EusKalduna. El desarrollo industrial se hace patente y trae consigo una bonanza económica y un desarrollo social muy relevante. A principios del siglo XX Éibar contaba con 1.149 armeros de una población de 6.583 habitantes.

La Primera Guerra Mundial, tras un auge en la producción, trajo una gran crisis al quedarse con un gran stock sin salida comercial, cerrarse el mercado estadounidense y complicarse el europeo. La salida de la crisis armera se realiza mediante la diversificación del producto. Esa es la época en que muchas empresas cambian la fabricación de pistolas por la de bicicletas o máquinas de coser. Esta diversifucación se hace mayor según va avanzando el siglo.

Con el cierre el 27 de mayo de 1997 de la fábrica de armas STAR, Bonifacio Echeverría S.A. Éibar perdió la fabricación armera, quedando esta reducida al arma de caza y competición, sectores que sufrieron un profunda crisis en la década de los 80 del siglo XX, estabilizándose posteriormente en una producción limitada y de excelente calidad con un componente artesanal muy alto.[6]

Las armas de la zona armera del Deva siempre tuvieron algún grado de decoración grabada. La introducción del damasquinado en el siglo XIX sirvió para el enrriquecimiento de la decoración de la producción armera.

Junto con la decoración de los productos armeros, el damasquinado desarrolló, por sí mismo, una rama industrial artesanal propia que se expandió en los productos de joyería.[6]

Un hito importante en la historia industrial de Éibar fue la Exposición de Productos Industriales de 1908. Esta exposición, inaugurada en 20 de agosto en plenas fiestas eúscaras y visitada por el rey Alfonso XIII era el colofón del desarrollo industrial eibarrés. La muestra de la particular revolución industrial de la entonces villa que había pasado del trabajo gremial al industrial. Este desarrollo, que continuó a lo largo del siglo XX hasta la crisis de 1973, y que tuvo su máxima expresión en las décadas de los años 50 y 60 de dicho siglo, tubo su reflejo en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad.

La complicada orografía eibarresa, el valle del río Ego es muy estrecho y abrupto, obligó a realizar un aprovechamiento del terreno singular que unido con la tradición gremial, especialización de diferentes labores en pequeños talleres e incluso domicilios, llevó a un desarrollo urbanístico y arquitectónico muy determinado en donde la industria, entremezclada con la vivienda, condiciona el crecimiento urbano de la población. El libro Industria guipuzcoana de la cuenca del río Deva, 1956–1957 editado en San Sebastián en el año 1957 define así el problema;

La industria comienza a salir del taller gremial y comienza a precisar terreno para el establecimiento de las naves. La escasez del terreno obliga a realizar construcciones verticales y adaptadas a la orografía, por un lado realizando fuertes desmontes y por otro realizando edificios en los que sus plantas se adapta a la irregularidad del terreno. Las compañías más fuertes realizan pabellones industriales grandes y adaptados, pero la organización social del trabajo en Éibar, donde la herencia del gremio esta presente y la paridad entre patronos y obreros era muy alta (incluso se ha llegado a definir de comunismo blanco)[7] dio como resultado la creación de un sin fin de pequeños talleres intermezclados. De esta forma se conforma un tejido urbano de pequeños talleres unidos a las viviendas (normalmente ubicados en sus bajos) rodeados de pabellones de industrias más grandes. Esto ya toma cuerpo a principios del siglo XX.[7] El desarrollo industrial estuvo apoyado por la rápida electrificación que se basaba en la inversiones particulares de los empresarios más potentes que vendían la electricidad que les sobraba en sus industrial a los pequeños talleres y el sistema de pago por trabajo hecho con el que se relacionaban los talleres entre sí.

El modelo constructivo típico es un edificio de pisos, hecho de hormigón (en los primeros tiempos de estructura de madera), que en realidad eran diferentes talleres de planta rectangular puesto uno sobre otro. Las obras fueron realizadas principalmente por maestros de obra, siendo la presencia del arquitecto menor. Esta arquitectura estuvo condicionada por aspectos de practicidad, funcionalidad y economía constructiva y decorativa.

Las primera naves se construyeron en los terrenos de labor de sus propietarios, todavía fuera del núcleo urbano pero próximo a él, eran construcciones realizadas con materiales tradicionales, estructura de madera, muros de mampostería, tejados de teja, uno o dos pisos de plantas diáfanas e iluminadas con luz natural mediante grandes ventanales a lo largo de los cuales se ubicaban los puestos de trabajo dejando el centro de las plantas para la maquinaría. La ornamentación de las fachadas era muy escasa aunque en algunos casos se resaltaban las molduras de lo vanos de puertas y ventanas. En aquellas obras donde se construía encima la vivienda, esta era dignificada con mayor ornamentación. La escasa ornamentación que se usaba llevó al ayuntamiento a ordenar embellecer algunas edificaciones.

Característica de las construcciones industriales eibarresas fue el chaflán que se utilizaba para la integración del edificio en el entorno cuando éste se ubicaba en un solar esquinero. Desde los edificios de Beistegui Hermanos BH, en Urkizu, hasta los pabellones de Alfa, pasando por el gran edificio de Lambretta el chaflán se convirtió en la fachada principal de acceso, en el lugar donde se situaba el acceso principal a las oficinas. En él también se ubica el hall, en el que se representaba, mediante una cuidada decoración, la imagen de la empresa.

La cubierta paso a ser plana con el uso del hormigón. Normalmente se realizaba una cubierta plana rellena de agua, o con una capa de hierba, que sirve como aislante térmico, permitiendo la fácil ampliación de la edificación. El acceso a esta cubierta se realiza por la escalera, de forma que la caja de la misma deja de estar oculta sobresaliendo de la edificación.

El uso del hormigón facilita el diafanibilidad de las plantas y la iluminación de las mismas. Los muros ceden paso a los ventanales que ocupan casi todo el espacio entre pilares.[7]

Las últimas elecciones municipales celebradas en 2007, dieron el siguiente resultado en Éibar:

Las últimas elecciones municipales celebradas en 2011, dieron el siguiente resultado en Éibar:


Con respecto a las anteriores elecciones municipales de 2007, el PSE-EE perdió la mayoría absoluta en el municipio y dos grupos del pleno la representación, Aralar y Ezker Batua Berdeak, mientras que la coalición Bildu irrumpió como segunda fuerza. Hamaikabat, partido escindido de Eusko Alkartasuna, debutaba estas elecciones y no obtuvo representación.

Estos son los alcaldes que han gobernado el ayuntamiento desde las elecciones de 1979:

El río Ego es el principal río del municipio, si bien es cierto que por sus terrenos pasa el río Deva pero es tan escasa su presencia que carece de importancia para el municipio. El Ego desemboca en el Deva en Maltzaga, ya en el límite municipal. Los afluentes del Ego, que bajan de los montes que rodean a la ciudad, son pequeños regatos que forman estrechos valles. Los más importantes son el Txonta, el Matxaria, el Unbe y el Abontxa.

Todos los ríos están muy afectados por el desarrollo de la ciudad que ha modificado sus cauces y sus aguas. Únicamente en sus cuencas altas se puede encontrar algún resto de su primitiva riqueza biológica. Los cauces han sido cubiertos por las edificaciones, tanto industriales como urbanas y sus aguas se han visto muy afectadas por la contaminación fecal e industrial. Se está procediendo a la implantación de colectores de recogida de aguas negras e industriales para su posterior tratamiento así como a descubrir los cauces en la medida de lo posible.

Éibar está rodeada de montes de escasa altura que la encierran en un valle profundo por su estrechez. Destacan cumbres como Urko (791 m) y Kalamua (768 m) por el norte y Galdaramiño y Egoarbitza (730 m) por el sur. Al este, sobre la desembocadura del Ego en el Deba, se levanta Karakate (749 m) enfrentado a Arrate.

Los montes están cubiertos de bosque, en su mayoría dedicados a la explotación forestal de pino insignis pero todavía quedan algunas manchas de la vegetación autóctona de robles, hayas, abedules... combinados con campas dedicadas al pasto.

La naturaleza de los terrenos es de caliza y margas areniscas con un clima muy lluvioso y de temperaturas agradables.

Los hallazgos prehistóricos que se ha realizado en las inmediaciones de la ciudad atestiguan presencia humana ya en el Neolítico, sobre el III milenio antes de Cristo. Cuando los romanos llegaron a estas tierras atestiguaron que en ellas habitaban los caristios. Los romanos integraron el valle del Deva en el conventus de Clunia, estructura política que se mantuvo hasta los visigodos.

Durante algún tiempo, esta parte del valle del Deva perteneció al reino de Pamplona Nájera (el que posteriormente sería el reino de Navarra) como parte del duranguesado. Cuando la zona se convirtió en límite entre Guipúzcoa y el Señorío de Vizcaya se denominó, a ambos lados de la línea divisoria Marquina. En el valle del Deva se definían la Marquina de Yuso y la Marquina de Suso la cual se extendía por el valle del río Ego. En tierras de Marquina de Suso se ubico la anteiglesia de San Andrés que tenía el concepto de monasterial.

Las primeras noticias que hay sobre Éibar datan del año 1193 y hacen referencia a la casa de los señores de Unzueta relacionada con el bando oñacino en la contienda de bandos. En 1267 se hace referencia a la cesión del patronato de la parroquia a los señores de Olaso de la vecina localidad de Elgóibar por parte del rey Alfonso X el Sabio.

El 5 de febrero de 1346 el rey Alfonso XI de Castilla da privilegios de villa a la anteiglesia de San Andrés. La nueva villa recibe el nombre de Villanueva de San Andrés de Heybar.

Las familias feudales que dominaban el territorio de la villa participaron en las Guerras de bandos. Éibar, como el resto de las poblaciones del valle, mantenía una industria del hierro basada en las ferrerías y en la fabricación de armas.

En 1766 Éibar participa en la Machinada y años más tarde, en 1794, sufre el ataque de los franceses, que destruyen la población.

En el siglo XIX se producen procesos de industrialización con la transformación del sistema gremial de producción en un sistema industrial. Junto a este proceso se produce un movimiento social importante. Ya en las Guerras Carlistas los eibarreses se habían decantado por el bando liberal en todas ellas, pero a finales del XIX y en la primera mitad del XX las ideas del movimiento obrero internacional y socialistas hacen mella en la sociedad eibarresa. El 6 de agosto de 1897 vive su primera huelga por motivos laborales y poco después el movimiento obrero lograría hacer de Éibar un referente en el socialismo español. Esto culminaría el 14 de abril de 1931 con la proclamación de la Segunda República española cuando Éibar fue la primera población española en realizarlo. Esto le valió el otorgamiento del título de «Muy Ejemplar Ciudad».

El ferrocarril llega a Éibar en 1887, cuando se inaugura la estación apeadero de Malzaga, en la que de se producía un importante cruce de líneas. Unos años después, en 1909 se inauguraría la estación de ferrocarril de Éibar.[8]

La Guerra Civil hace que Éibar sea declarada «región devastada» al quedar prácticamente destruida en su integridad. La reconstrucción dio paso a un desarrollo industrial importante y a un aumento de la población que llegó en pocos años a superar los 40.000 habitantes, extendiéndose incluso a las poblaciones vecinas.

El desarrollo industrial y urbano se realizó en una orografía complicada (el valle del Ego es muy estrecho) que llevó a un urbanismo y arquitectura, tanto industrial como residencial, característica. El desarrollo vertical de los edificios junto con la mezcla entre industria y residencia a la vez de un complicado acceso a algunas urbanizaciones, cuestión que se mitigó con la utilización de medios mecánicos como escaleras y ascensores.

La dificultad de ampliación de las instalaciones industriales hace que comience un proceso de emigración a otros lugares, principalmente el duranguesado y Álava, de muchas empresas. A este hecho se sumó la crisis industrial que comenzó en 1973 y afecto severamente a la infraestructura industrial eibarresa.

A comienzos del siglo XXI, habiendo perdido casi la mitad de su población, comienza una lenta recuperación asentada en la industria y en los servicios.

La economía del municipio está basada en la industria de transformación metálica con toda clase de productos, destacando los destinados a la industria auxiliar del automóvil pero también se realizan, electrodomésticos, máquina herramienta, microfusión, microfusión de aluminio y armas, ahora ya solamente de caza.

Centrado en los barrios rurales, está representado por explotaciones familiares en las típicas casas rurales vascas, los caseríos o baserris. Estas explotaciones agrícolas y ganaderas se combinan con el trabajo en las fábricas por lo que tienen un carácter secundario en la economía. Sus productos se destinan al consumo propio y al comercio en los mercados de la comarca. Es relevante la explotación forestal centrada en el pino insignis que ha colonizado las antiguas campas, pasto y huertas al tener más peso el trabajo industrial que el agrícola.

Conocida como la ciudad armera por su importante industria de armas, ha desarrollado siempre una gran actividad industrial centrada en la manufactura metálica. Sus polígonos industriales, donde ahora se recogen los talleres que en otro tiempo estaban desperdigados por todo el municipio, albergan industrias de todo tipo. Destacan la máquina herramienta, la fabricación de escopetas, la auxiliar del automóvil, máquinas de coser, bicicletas, microfusión de precisión... un largo e importante etcétera consecuencia del dinamismo eibarrés cristalizado en empresas como Orbea, Lambretta, Alfa, BH, STAR.... Entre las actividades industriales es de destacar la artesanía del damasquinado que se ha producido tradicionalmente en la ciudad. Esta actividad artesana ha sido combinada con la armera convirtiendo algunas armas en verdaderas joyas ricamente decoradas con hilo de oro. Muchas empresas eibarresas se instalaron luego en otros municipios tanto de las comarcas cercanas como más lejanas.

Éibar es la cabeza de comarca del Bajo Deva y principal ciudad con una situación equidistante entre Bilbao, San Sebastián y Vitoria. Esto hace que el sector servicios esté muy desarrollado. En ella se centran los servicios comarcales de todo tipo, educación, sanidad, bancarios, comercio... La actividad industrial también cuenta con sus servicios en la ciudad, el centro de investigación o la corporación comarcal tienen su sede en ella. El comercio destaca por la presencia de grandes almacenes y de muchas tiendas de calidad al igual que la restauración. En Éibar se ubican los dos únicos centros de El Corte Inglés en la provincia de Guipúzcoa, un centro perteneciente anteriormente a Galerías Preciados y un centro comercial de grandes dimensiones en Ego-Gain inaugurado el 26 de noviembre de 2009.[9] Los pequeños comerciantes para mejorar su posición han creado la asociación Éibar Centro Comercial Abierto.

El 18 de enero de 2007 se inauguró el Museo dedicado a la industria armera en el último piso de Portalea.

Las principales empresas industriales eibarresas son (más de 50 trabajadores):

En 1346 Alfonso XI de Castilla fundó la villa con el nombre de Villanueva de San Andrés, al que enseguida se le añadió de Heybar.[10] Ya en documentos de 1493 y 1494 figuran los nombres de Ehibar y Heybar. Como Gregorio de Mújica indica en sus obras, el topónimo ha conocido diferentes formas y ninguna ha excluido a las demás, así pues a la Ciudad Armera se la ha conocido como Villanueva de San Andrés de Heybar, Heibar, Eybar y Heivar. Hoy en día se utilizan las formas Éibar y Eibar, esta última oficial tanto en euskera como en castellano y más extendida.

Sobre el significado del nombre Éibar, parece claramente compuesto de la palabra vasca ibar que significa 'valle'; no estando claro el primer término que acompaña a ibar. Una versión muy extendida y bastante plausible es la que considera el nombre del pueblo una contracción de Ego ibar, significando 'Valle del Ego'. Pero no está documentado ni que la forma Egóibar o el término Eguibar que sería la forma intermedia entre Egóibar y Éibar, haya hecho nunca referencia a esta localidad, a pesar de tratarse Eguibar de un apellido vasco bastante extendido. Al no estar demostrada esta hipótesis se puede pensar que quizás otro término esté en el origen del nombre de esta ciudad; algunos hablan de hegi, palabra que significa cuesta, cumbre o borde, dependiendo del dialecto, y que aparece también en otros topónimos de la localidad. Algunos otros autores, como Javier Elorza, citan la posibilidad de que el primer término sea eho (moler) o algún vocablo relacionado y que haga referencia a la gran cantidad de molinos que han existido históricamente en el valle del Ego.

En 1750 Éibar tenía 1.500 habitantes el auge de la industria armera durante el siglo XIX llevó a que 100 años más tarde, en 1850, la población fuera ya de 5.382 habitantes este incremento fue debido a una inmigración que buscaba el trabajo industrial.[6]

A comienzos del siglo XX Éibar contaba con 6.583 habitantes, en los primeros años de ese siglo tuvo un incremento relevante llegando a la República con 15.000 habitantes. La incidencia de la guerra civil hizo que mermara el número de personas empadronadas en el pueblo pero el posterior desarrollo industrial dio un impulso muy importante a la población.

A partir de los años 40 comienza un periodo de expansión industrial. Las empresas diversifican sus productos, cambiando las armas por bicicletas, piezas para automóvil o máquinas de coser. El crecimiento económico hace que Éibar se convierta en un polo de atracción de emigración. Entre 1945 y 1975 la población aumenta en 13.823 habitantes, llegando a alcanzar la cifra de 40.000 habitantes.[6] La grave crisis industrial que se inició en 1973 hizo que muchas fábricas cerraran sus puestas y otras se ubicaran en otros municipios bucando mejores suelos para la construcción de las instalaciones, esto dio origen a un declive poblacional, que apoyado en políticas de reducción de la densidad poblacional de la continuidad urbana Éibar-Ermua ha dado lugar a una pérdida progresiva de habitantes estableciéndose a comienzos del siglo XXI por debajo de los 30.000.

La orografía de la ubicación de la ciudad así como los hechos históricos que ha vivido ha marcado la conservación de diferentes edificios monumentales. El importante y desmesurado crecimiento, tanto industrial como habitacional, que se produjo las décadas de 1950 y 1960 del siglo XX unido a la escasez de suelo que la estrechez del valle produce hizo que se derribaran muchos edificios históricos que se habían salvado de la destrucción producida en la Guerra Civil. Éibar fue primera línea de frente desde septiembre de 1936 hasta abril de 1937. La destrucción fue tal que entró dentro del plan de reconstrucción de daños de guerra seguido por el organismo Regiones Devastadas. Ya a finales del siglo XVIII había sido muy dañada por las tropas francesas que la incendiaron destruyéndola casi completamente.

Los edificios y elementos de interés que han perdurado hasta nosotros se encuadran en la siguiente calificación, arquitectura civil, religiosa, rural e industrial.

Junto a estos monumentos hay que destacar también la casa número 6 de la calle Txirio kale y las fuentes de Ibarrecruz y Urkusua así como la «Casa Sindical» edificio representativo de la arquitectura desarrollada en el franquismo, fue construido sobre la Casa del Pueblo del PSOE y posteriormente devuelto al PSOE y la UGT.

Dentro de este apartado hay que destacar el cementerio de Aguinaga, algunos elementos del cementerio de Urki, las cruces de Arrate (la que corona su cumbre) y Urki y las ermitas de San Salvador, Akondia, San Román y Santa Cruz.

Hay una serie de caseríos interesantes, entre ellos están; Untzeta, Zelaia, Zozola, los de Kutunegieta que forman un conjunto definido, Areta, Iraegi Handikoa, Barrenetxea, Gisasola, Suinaga, Iraragorri, San Juan, Ezkaregi, Ibar-gain, Pagei, Aritxulueta y Mandiola Azpikoa.[15]

Vilariño de Lama Má,Ourense,España

Yecla,Murcia,España

En la cronología festiva anual de Éibar, se destacan las siguientes fiestas o costumbres:

El Club Deportivo es el exponente más patente del deporte y cultura que se vive en la localidad.

La S. D. Éibar es el club de fútbol de la ciudad. Milita en la segunda división B española. Posee el récord de años consecutivos en Segunda División A con 18 temporadas. También tiene un club de balonmano en la máxima categoría, la JD Arrate

Una prueba ciclista de gran renombre es la Bicicleta Vasca (antigua Bicicleta Eibarresa), que acaba en la tradicional subida a Arrate. Históricamente desde Éibar se han impulsado las pruebas ciclistas, siendo estas competiciones nacidas en Éibar los embriones de la Vuelta al País Vasco y de la Vuelta a España. Esto fue así debido a que las fabricas de bicicletas importantes como Orbea, GAC o BH nacieron y tuvieron su sede en esta ciudad.[17]

Así mismo es clásica la subida automovilística a Arrate.

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